La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época

La Fornarina y otras cupletistas que marcaron una época: mujeres ayer admiradas, hoy olvidadas

jueves, 16 de febrero de 2017

LAS OTRAS: Mary Focela (II)

Partitura de "El Relicario" en la que aparece
como creación de Mari-Focela
El final de la primera entrada nos dejó a Mary instalada en Barcelona, tan inconscientemente feliz que bien se merecía, por una vez, tener un poquito de suerte. Y es que la suerte, a menudo tan esquiva, inconstante y caprichosa, había sido todo eso para la Focela y aún se había superado en su caso. El ejemplo de ello forma parte de la historia del cuplé, ya que tuvo en sus manos la oportunidad de hacerse famosa por haber estrenado "El relicario" -el más famoso de todos los cuplés, con permiso de "La violetera" o "La machicha"- y la desperdició sin que se sepa todavía muy bien el porqué. La historia es, a grandes rasgos, la que os cuento a continuación.
Armando Oliveros y José Mª Castellví, de oficio periodistas y de afición letristas, habían compuesto la letra para un pasodoble inspirado en la romería de San Eugenio o de la Bellota, que se celebraba en el monte de El Pardo madrileño el quince de noviembre. Según una de las versiones de Oliveros, corría el año 1914 cuando el marido (o novio, o lo que fuera) de la principiante Mary Focela les pidió una canción para la presentación de "su mujer" en el Arnau de Barcelona. Al parecer la cupletista tan sólo tenía una cosa clara: quería un número en el que pudiera salir a escena vestida de maja y que se diferenciara de lo que en aquellos momentos se cantaba en los escenarios barceloneses. Oliveros y Castellví pensaron que este pasodoble sería el más indicado para tal fin, aunque todavía les faltaba por pulir algunos detalles.(1)
El maestro Padilla, mítico compositor de cuplés
(fuente: www.libertaddigital.com)
Pidieron opinión y ayuda al maestro Padilla que en cinco minutos (siempre según Oliveros) les compuso la música como quien se come un huevo frito mojando pan: con avidez, cierto método y disfrutando de ello. Aún así no conseguían dar con la segunda estrofa y pasaron varias semanas hasta que apareció providencialmente "el padre de la Focela" (que era huérfana) que les pagó ocho duros para que terminaran el cuplé de una bendita vez. La inspiración volvió y se manifestó en todo su esplendor, terminaron la letra y le entregaron el pasodoble a la cupletista que, más contenta que un pajarillo en libertad, debutó en el Arnau pocos días después y allí se mantuvo durante un mes incluyendo "El Relicario" entre sus otros temas. La acogida fue tibia el día del estreno y nada hacia pensar en el éxito que posteriormente alcanzaría. Después de la Focela se lo "llevó" Blanquita Suárez al Romea de Madrid y comenzó a pasar de mano en mano porque, según palabras de Oliveros en 1956, "en aquellos tiempos había tantas cupletistas como ahora novilleros". Tras una versión de Conchita Ulía, fue la Meller la que finalmente lo adoptó dándole un tiempo más pausado y dramatizándolo como tan sólo ella sabía hacer. Primero lo grabó y posteriormente lo estrenó en París con una escenografía novedosa e impactante: traje negro, mantilla calada hasta las cejas, fondo neutro y un único foco apuntando hacia ella en todo momento. El éxito fue estruendoso y así hasta la fecha.
Raquel Meller interpretando "El Relicario"
en un famoso retrato de Carlos Vázquez
Sabiendo la historia, en una de sus múltiples versiones, ahora ya conocemos que la intervención de la Focela en "El Relicario" fue definitiva a la hora de su composición, pues suya fue la idea de aparecer vestida de maja, suya la de hacer algo diferente a lo que entonces se estilaba y suyos o de su padre, (o del fantasma de su padre) los ocho duros que culminaron la composición. Y a pesar de todo ello no fue suya la gloria por falta de suerte, por falta de talento o simplemente por no ser la Meller, que sólo hubo una. Aún así Mary lo grabó y lo cantó durante años asegurando siempre que era una creación suya. Y no mentía.
Mary Focela caracterizada como "La camillera",
uno de sus cuplés más populares
Pero sigamos con la historia de la pequeña cupletista tal y como la dejamos en la primera entrada. En 1917 es contratada en diferentes teatros españoles: comienza el año actuando en Valls, en febrero y en marzo está en el Lírico de Palma, a continuación debuta en el Teatro Circo de Albacete donde es prorrogada al obtener un gran éxito; en abril actúa en el Vital Aza de Málaga junto a la bailarina Nati la Bilbainita y de allí, como era de rigor, da un pequeño salto continental hacia Melilla y debuta en el Salón Imperial, donde es presentada como "canzonetista de aires regionales". En agosto regresa en Barcelona y en el Moulin Rouge vuelve a enfrentarse a las malas críticas: hay quien le llama "la frigorífica" por su escasa capacidad para calentar al público, critican su "figurilla de rana" y su voz de "tonos discordantes", celebran el final de su contrato con un sonoro "¡Que no vuelvaaaa!" y otras perlas por el estilo. Y la ostra de la que procedían era, con toda probabilidad, la mala baba cultivada por el crítico Manzanares Nausa.
Manzanares Nausa en 1916, tan elegante
y atildado que casi parece inofensivo
Ajena a todo, Mary continúa actuando en Barcelona. En Eldorado comparte escenario en septiembre de 1917 con Tórtola Valencia y lejos de ser eclipsada por la bailarina recibe comentarios positivos por parte de la crítica, incluso en catalán. En la Ilustració Catalana dicen de ella que posee gran frescor, potencia de voz y "exquisida gràcia i fina intenció" en el decir y en el accionar. Su éxito en Eldorado es tal que incluso la revista Eco Artístico le dedica una entrevista-reportaje a doble página, acompañada por dos fotografías de estudio que aquí os dejo (disculpad su mala calidad).
La primera: Mary en pose pensativa,
con traje y tocado a la moda
El reportaje, notoriamente propagandístico, está hecho con el propósito de darle publicidad positiva con gran derroche de adjetivos encomiásticos. Se habla de sus principios "como una de esas criaturas anónimas que a diario engrosan las filas, ya nutridas, del varietés" y de cómo ha sabido esforzarse, meritoriamente y desde abajo, para ir ganando puestos como artista destacada.

"Mari-Focela ha llegado donde ella no pensó nunca; aquella muchacha menudita, que vino a Barcelona, hace dos años, en una comunidad de mujeres que por llamarse algo se llamaban artistas, es actualmente una de las primeras artistas del género de varietés.(...) Era algo así como la magnesia efervescente; pero sólida, la faltaba el líquido para subir, y el líquido ha sido el público de uno y otro sitio, que con sus aplausos la ha elevado al envidiado sitio que hoy ocupa, muy justamente por cierto."

Y el resto está redactado en el mismo tono, muy en el estilo que Eco Artístico reservaba para publicitar a sus artistas favoritas. Nada sorprendente sino fuera por el autor del citado texto: nada más y nada menos que nuestro muy estimado Manzanares Nausa, el que hasta pocos meses antes (y durante años) fuera archienemigo número uno y público azote inmisericorde de la Focela. En fin, vivir para ver.
La segunda imagen : Mary en pose cupletera
con impresionante mantilla de blonda
En la entrevista Manzanares parece tener un gran interés por saber si, ahora que acaba de ingresar en el "salón de la fama", va a debutar en el Trianón Palace (el local de moda) próximamente y la Focela admite haber sido contratada por el famoso empresario Moriones pero que no tiene ningún interés especial por actuar en Madrid. A pesar de lo que la gente piense, no es de allí, ya que nació en Algeciras, y de su familia madrileña no tiene nada bueno que contar. Sólo le queda una tía que se desentendió de ella en el pasado y que ahora ha vuelto a dar señales de vida únicamente para aprovecharse de su recién adquirida fama. Para colmo de males, del mismo Moriones sólo recibió el desprecio de un miserable sueldo de cinco pesetas en tiempos ya pasados pero nunca olvidados.
Durante toda la entrevista Mary se muestra triste y algo resentida, buscando la cariñosa complicidad de Amparo "su monísima acompañante" mientras "un gramófono vecino, que nos ha dado la lata durante nuestra charla, lanza al aire estas palabras: «Tengo yo una pena, pena.»". Preguntada por su cuplé favorito es incapaz de elegir ninguno, así que Manzanares lo hace por ella y escoge entre todos "Mala entraña", otro tema mítico del asturiano Martínez Abades.
Aquí os dejo la inolvidable versión de la Montiel en su película "La violetera", gracias a Egor Savin y su canal de YouTube.



Tener un cuplé como "Mala entraña" en su repertorio nos da varias pistas sobre la carrera de Mary Focela en 1917: lleva temas que constituyen auténticos éxitos de la época y arrastran al público allá donde son cantados; parece haber asentado sus gustos y tener cierta propensión al cuplé de tipo sentimental que se ha puesto de moda; y se ha convertido, por fin, en una figura a tener en cuenta. Termina el año actuando en dos teatros barceloneses, el Goya y el Montecarlo, donde comparte escenario con artistas como Emilia Benito, María Montes (la cupletista), la bailarina Blanquita Ungría "la rival de la Argentinita" y Carmen de Triana, que comienza como sustituta suya debido a un inoportuno catarro de la Focela.
¿Qué escondería Carmen de Triana debajo de la mantilla?
El año 1918 será el gran año de su carrera. Comienza enero en el teatro Nueva Cataluña de Lleida, después al Goya barcelonés con un "éxito estruendoso" y de allí al Moulin Rouge. En febrero actúa en el Salón Vizcaya de Bilbao, donde interpreta de ocho a diez canciones diarias y llega a cobrar doscientas cincuenta pesetas, cantidad nada despreciable para una cupletista de su nivel. Tanto gusta en Bilbao que es prorrogada y no vuelve a Barcelona hasta la primavera, para estrenar en el Moulin Rouge el fado "Cautiva en Granada", que se convierte en un éxito inmediato (hoy olvidado). En junio está en el teatro Campos de Sabadell, en julio en el Martí de Valencia donde la crítica habla de "su pintoresco repertorio y su gran voz, que sostiene notas con prodigalidad". En agosto actúa en el Teatro Circo barcelonés en un espectáculo propio de las variedades veraniegas, junto a un plantel de artistas que conforman ¡veinticinco atracciones diferentes! Recordemos que no existía la televisión y que los teatros de variedades tenían que ofrecer al público diversidad de géneros y cambios constantes en su oferta. En septiembre vuelve al Folies Bergère de Barcelona y allí actúa durante más de un mes hasta que le surge una actuación en el teatro Lara de Madrid que no puede rechazar: actuará en los "fines de fiesta" junto a figuras como Pastora Imperio y Raquel Meller. El prestigioso Lara ha transigido con "la moderna costumbre" de complementar sus obras con el final que el público demanda cada vez más: cupletistas y bailarinas.
Antigua fachada del teatro Lara
(fuente: Facebook oficial del Teatro Lara)
Después de esta breve incursión en los madriles, regresa al Folies Bergère y de allí al Gran Salón Doré, donde termina el año siendo unánimemente aceptada por público y crítica barceloneses. Es anunciada como "el éxito de la temporada, la nota saliente del día, con repertorio de su creación, lujoso vestuario, artístico decorado del célebre artista Ros y Güell" y todos se hacen eco de "exitazo de la monísima y genial cancionista". Mary se siente querida, admirada y bien pagada. Así las cosas, ¿qué más se puede pedir a la vida?, ¿que esto dure? Pues va a ser que no.
Una Focela exultante de gozo disfrutando
de 1918, su (único) año de gloria en el estrellato
A comienzos de enero de 1919 está Mary actuando en el Folies Bergère, uno de sus escenarios habituales. Son conocidas sus simpatías proespañolistas así como sus contactos con la recién fundada Liga Patriótica (españolistas acérrimos, una especie de protofascistas), así que al Folies acuden, una noche sí y otra también, un grupo de jóvenes catalanistas con aviesas intenciones, a saber, el silbido y la protesta. En un momento dado entre la artista y los citados jóvenes hay un intercambio de palabras que va subiendo de tono, cosa por otra parte muy habitual en los escenarios del cuplé. Mary cree zanjada la discusión con un "¡Viva España!" atronador (la chica tenía voz, eso nadie se lo puede discutir) pero al día siguiente vuelven otra vez los susodichos y se vuelve a liar. Algo está pasando a lo que nadie, de momento, pone nombre ni busca explicación. La Focela termina su contrato en el Folies y debuta en el Goya, otro de sus escenarios habituales. Y allí, la noche del 13 de enero, se vuelve a liar. Tal y como contó en un primer momento el diario La Época "(Mary) contestó de nuevo a los catalanistas con gran virilidad(!), algunos espectadores se unieron a ella, los catalanistas arreciaron en sus protestas y se produjo un gran alboroto, (...) la policía restableció el orden y la cupletista siguió cantando". Y aquí no ha pasao ná, parece decir el redactor de La Época. Pero lo cierto es que la cosa no quedó ahí ya que el escándalo fue de mayores proporciones de lo que en un principio se dijo.
"Malasaña y su hija batiéndose contra los franceses",
cuadro de Eugenio Álvarez Dumont
Todo fue por culpa de un cuplé. En la historia de la música hay quien le echa la culpa a la bossa-nova, hay quien culpa a un tango maldito y hay quien no necesita música para encontrar conflictos. Pero aquí tuvo la culpa un cuplé que podríamos clasificar como de género histórico-madrileño, titulado "La hija de Malasaña" y que en su inofensiva letra así decía:

Soy madrileña neta de Maravillas.
soy de aquellas mujeres que el Dos de Mayo
con su ejemplo animaban a los chisperos
a defender su patria contra el gabacho.

Soy de aquellas mujeres que, enardecidas,
llevaron los cañones del Parque al Prado.
Soy de aquellas mujeres que en plena lucha
cargaban los fusiles a los soldados.

Lucho como una leona
al grito de ¡viva España!
y es que por mis venas corre
la sangre de Malasaña.

Soy madrileña neta de Maravillas,
fui novia del chispero más arrojado
entre aquellos valientes que el año ocho
la invasión contuvieron a trabucazos.

Defendiendo su patria perdió la vida,
y cuando vi que, muerto, cayó a mi lado,
agarrando el trabuco me erguí furiosa
y quise por mi majo morir matando.

Lucho como una leona
al grito de ¡viva España!
y es que por mis venas corre
la sangre de Malasaña.

Ahora ya sabemos de dónde salía el estentóreo ¡viva España! de Mary Focela en los escenarios barceloneses. Llevaba este cuplé en su repertorio luciendo atuendo de maja a juego con el tema, echándole vozarrón y muchos bemoles a la cosa, sabiendo positivamente que el teatro se encontraba lleno de falsos espectadores, en realidad miembros de uno y otro bando con ganas de liarla parda aquella noche u otra cualquiera.
Juan Vázquez de Mella, en cuyas ideas se inspiraron
los fundadores de la Liga Patriótica Española
Pero el caso es que fue aquella noche precisamente, la del 13 de enero, en la que "La hija de Malasaña" provocó un alboroto de enormes proporciones. La bronca se trasladó a la calle y en el exterior del teatro Goya hubo cargas policiales y se llegaron a oír disparos. El cuplé de la Focela tuvo sonadas consecuencias y para demostrarlo nada mejor que las cifras: fue la causa de la detención de cuarenta y tres hombres, de los que treinta y nueve quedaron encarcelados y tres pasaron en Delegación entre doce y treinta horas; algunos quedaron en libertad bajo fianza de 1.000 pesetas (cantidad más que considerable en aquella época) y otros menos afortunados ingresaron directamente en la Cárcel Modelo; entre estos últimos hubo de todo: un procurador, un abogado (José Mª Padrós), cinco estudiantes, dos comerciantes y el resto empleados o dependientes, hasta un total de catorce detenidos.
La Cárcel Modelo de Barcelona
(fuente: http://lagrancorrupcion.blogspot.com.es)

A la mañana siguiente el gobernador civil de Barcelona llamó al empresario del Goya diciéndole que "si no cuenta con los medios para evitar incidentes como el ocurrido anoche con la artista Mary-Focela, prohiba que trabaje la dicha artista". La dicha artista alega una enfermedad y no pisa el Goya ni sale de su casa en todo el día, por si acaso. Esta decisión del gobernador, que favorece a los nacionalistas, es muy comentada. El lío político estaba servido y el asunto del cuplé llegó hasta el parlamento. Un buen ejemplo de cómo, a poco que unos cuantos se empeñen, se consigue soliviantar al personal en temas de cierta entidad tomando como base nimiedades tales como un cuplé.

Pasados unos días, la noche del 17 de enero, se celebra la función de beneficio y despedida de Mary en el Goya. Seguramente a causa de las detenciones practicadas, que afectaron principalmente al sector catalanista, esta noche tan sólo se encuentran en el teatro espectadores proespañolistas o al menos neutrales en esta guerra. Miembros de la Liga Patriótica le hacen entrega de un ramo de flores y un misterioso pergamino a la beneficiada. Los espectadores piden que se lea pero los de la Liga aducen que no se puede debido a la situación... política. Sin embargo durante la actuación se dan vivas a España, al rey, a la Cataluña española y a la artista, se ejecuta la Marcha Real, se interpreta la canción del soldado(?) y Mary es obligada a cantar dos veces "La hija de Malasaña" en desagravio. Su éxito es estruendoso y el escenario se llena de sombreros y ramos de flores atados con cintas con la bandera española, aunque ella hubiera preferido alguna que otra pulserita o pendentif de brillantes. En fin, no se puede ser musa de la españolidad y al mismo tiempo hacerse un capital que le asegure el futuro a una chica del cuplé. O acaso sí. En la próxima entrada os contaré en qué quedó tan feo asunto y si sirvió para relanzar la maltrecha carrera de la Focela o para rematarla, arrastrándola hacia las simas del fracaso al son de "La hija de Malasaña".



(1) El mismo Oliveros se contradijo al asegurar, en otra de sus versiones, que no existía la letra escrita previamente sino que fue fruto de la necesidad de la Focela de "salir vestida de maja". Para colmo, según algunas fuentes, la presentación fue posterior a ese año y el teatro bien pudo ser el Edén Concert o el Doré.

viernes, 3 de junio de 2016

LAS OTRAS: Mary Focela (I)

De entre las chicas del cuplé que se hicieran famosas por causas que poco o nada tuvieron que ver con lo artístico, destaca muy por encima de las demás la desvaída figura de Mary Focela. Esta olvidadísima cupletista debió gran parte de su efímera fama a la menos glamurosa y musical de todas las actividades humanas: la política. Sí, habéis leído bien, la política. Y más exactamente en su versión española, vertiente nacionalista. Nada importa que la voluntariosa Mary luchara durante años para hacerse un digno hueco en el mundo de las variedades, ni importa que fuera ella quien estrenó "El relicario", uno de los cuplés más famosos de todos los tiempos: lo único en lo que destacó y por lo único que obtuvo sus quince minutos de gloria fue por el eterno conflicto entre el estado central español y las aspiraciones soberanistas catalanas. Ahí es nada.
Así que, señoras y señores, catalanistas y españolistas, cupleteros o no, pasen y lean la verdadera pequeña historia de la auténtica y diminuta Mary Focela(1).
De la Focela llegaron a decir que "era más
pequeña que una lentejuela" y algo de razón tenían

Mary Focela, cupletista

Nacida en 1899 en Algeciras (aunque la fecha, como siempre, hay que ponerla en cuarentena) María Focela Molina se quedó huérfana de padres a la tierna edad de cuatro años. Sus abuelos, que vivían en Madrid, acogieron con cariño a su nieta, que ya se caracterizaba por su cuerpecillo menudo y unos enormes ojos negros. En las sucesivas casas de alquiler que sus abuelos tuvieron en la capital (en las calles de Atocha, Eloy Gonzalo, Magadalena y Alcalá entre otras) transcurrió su infancia, recibiendo las influencias madrileñas que posteriormente hicieron pensar al personal que era oriunda de la Villa y Corte. Pero la desgracia perseguía a la pobre María y a los diez años murieron sus abuelos, quedando en las garras manos de una tía suya casada con un militar. La tía era de armas tomar -no en vano su marido posteriormente llegaría a coronel por méritos propios- y ambos eran poco dados a las efusiones y a demostrar los afectos con la infancia de origen ajeno. La pobre huerfanita no recibió cariño ni educación adecuada ni, al parecer, adecuada alimentación, ya que quedó para siempre estancada en una estatura que apenas sobrepasaba el metro y cuarenta centímetros. Pero aquella casa tan inhospitalaria guardaba al menos un tesoro, esta vez en forma de piano. En cuanto pasó el interminable luto de la época la tía coronela empezó a recibir de nuevo a sus amistades todos los martes en su coqueto saloncito y el piano quedó liberado de su funda y los espejos fueron despojados de sus pesados paños.
A comienzos del siglo XX toda casa "bien" tenía su piano
(fuente: georgetownsteamboats.com)
También la pequeña Mary quedó despojada de las tristes obligaciones del luto y su tía optó por lucirse ante las visitas con la vocecita angelical de su sobrina. Y es que habían descubierto, para pasmo de propios y extraños, que la niña poseía una bonita voz, algo chillona, pero con una afinación que no correspondía a su falta de educación musical  y una potencia que chocaba poderosamente con su desmedrado físico. En la vida gris de la pobre huerfanita se abrió paso un poderoso rayo de sol: la música, y a ella se agarró porque otra cosa donde agarrarse, simplemente, no había.
Con catorce años, siendo ya una mocita agradable de oír y de mirar, alguien de la tertulia musical le hace ver a su tía la posibilidad de convertirla en una tiple. A la tía coronela no le parece del todo mal la idea y transige en costearle clases de canto y baile en alguna de las reputadas academias de Madrid. Tienen algún amigo periodista o similar y, con su mediación, esperan manejar los hilos de la publicidad en los medios llegado el momento. Mientras tanto, y debido a la bisoñez de la niña, deciden espabilarla y se la llevan a ver un espectáculo serio en el que, ay, actuaba como fin de fiesta la inigualable Pastora Imperio. La figura de la famosa artista, su manera de moverse y cantar, las letras de sus cuplés, el vestuario y la puesta en escena, constituyen para la pequeña Mary toda una revelación y decide, le pese a quien le pese, convertirse en cupletista.
Pastora Imperio tuvo la "culpa" de que Mary Focela
se diera al cuplé en detrimento de géneros más serios
La decisión de la huérfana es mal recibida por su familia, que considera, bajo un punto de vista de irreprochable moralidad, que tiple se podía ser ya que actuaban en teatros serios, como el Apolo, se casaban cristianamente (o eso aparentaban) y eran recibidas en todas partes; pero cupletista, no, "eso" bajo ningún concepto. Las cupletistas trabajaban en los peores antros, como el Salón Madrid, eran muy mal vistas, alternaban con el público y eran el terror de las asociaciones de padres de familia. Mary no tuvo más remedio que elegir entre sus decentísimos familiares y una vida de escándalos y depravación. Por supuesto, eligió esto último. A pesar de todo convenció a su tía de que ella "sabría guardarse" y consiguió que le pagasen los gastos que suponían repertorio y vestuario. Y así, con poco más de catorce años, debuta en el Salón Madrid (¡horror!) y comienza su carrera de cupletista ganando nueve pesetas por noche y siendo convenientemente acompañada por una señora muy seria contratada por su familia. En 1912 aparece la primera mención a una actuación de Mary Focela en el citado salón, acompañada por Preciosilla y siendo la estrella la célebre Chelito. Un periodista bienintencionado dice de su debut: "Como artista promete y como mujer no tiene nada que envidiar a otras,(...) fue muy aplaudida". Apareciendo crítica tan favorable en El Heraldo Militar podemos colegir, sin mucho margen de error, que había sido redactada por aquel periodista amigo de la familia.
Según Mary, en entrevistas posteriores, su debut no se produjo hasta 1913 y ya tenía quince años. De nuevo nos encontramos con la típica historia de la cupletista que miente sobre su edad real y el año de su debut. Nada nuevo, todas lo hacían, unas para poder debutar siendo todavía unas niñas (a veces los empresarios les obligaban a falsear tal dato) y otras para ir quitándose o poniéndose años según les conviniera.
El primer anuncio de Mary Focela, en 1913, nos muestra
a una niña con zapatos de tacón jugando a ser artista
En la primavera de 1913 emprende la típica gira por locales de provincias haciendo su aprendizaje en cafés y plazas de pueblo, lugares que por comparación convertían en un lujoso teatro al Salón Madrid, que poseía una merecidísima fama de antro. Su agente de la época debía ser un tipo espabilado y le consiguió a su novata representada formar parte de una de las funciones más prestigiosas de la época: las famosas soirées Fémina que se celebraban en el teatro de la Zarzuela. Después Mary debutó en el Madrileño, teatro donde será contratada con asiduidad durante años y que se convertirá en una especie de segundo hogar para ella a partir de ahora, cuando precisamente más lo necesitará: sus tíos han cambiado de opinión y se avergüenzan abiertamente de la condición de cupletista de su sobrina. Cortan relaciones con ella y se repliegan en la actitud de desprecio y negación que muchos otros familiares de cupletistas ejercieron, incluso después de la desaparición de la desdichada y aún habiendo recibido la herencia de la susodicha. Sola en el mundo, de nuevo, Mary decide seguir adelante contra el viento de la inmerecida vergüenza y la marea de la supuesta inmoralidad. Vivirá durante años en pensiones de mala muerte, trabajando mucho y ganando poco, haciendo prácticamente cualquier cosa que se le mandase y llegando a lo que cualquiera es capaz de llegar con tal de no pasar hambre. Se convierte en una figura sicalíptica especializada en levantar el ánimo al público masculino, exhibiendo la turbadora mezcla que constituían su figura de niña y la actitud de una mujer experimentada. En el Madrileño comparte escenario con Luisa de Lerma o Amparito Medina, ambas empezando en el mundillo artístico y tan jóvenes como ella.
Luisa de Lerma, bailarina especializada en baile español,
tuvo una larga carrera que alcanzó su esplendor en los años veinte
En 1913 Mary trabaja mucho y es contratada durante una larga temporada en diferentes teatros asturianos: en mayo en el café Palais de Oviedo, en agosto en el Cervantes de Sama de Langreo y por último en el salón Novedades de Mieres, donde tiene un gran éxito. Es "guapilla y retozona", en palabras de Retana, y posee una voz potente que hace cien años estaba de moda aunque hoy en día nos parezca algo chillona. Su repertorio es el de todas, aquel que los autores van vendiendo por pocas pesetas a la canzonetista de turno que tenga a bien comprar sus canciones. El de la Focela va de lo regional a lo andaluz con toques de tonadilla. Casi siempre alegres, raramente dramáticas, sus canciones evaden al personal y no van más allá de hacer pasar un buen rato.
El resto del año lo pasará en el Madrileño y en noviembre será contratada en el Salón de Columnas de Badalona, muy cerca de Barcelona, en su primer contacto con el público catalán. Aunque en enero de 1914 se anuncia su debut en el teatro Mora de Huelva, se ve obligada a suspenderlo a causa de una enfermedad y su siguiente actuación será en el Alcázar Español de Barcelona. Tiene el éxito suficiente para ser de nuevo contratada pero, después de cobrar el anticipo, se marcha a Madrid sin avisar a los empresarios del Alcázar, Fernando Cadiñano y los hermanos Soriano. Cuando es reclamada por éstos alega que su contrato no fue válido por "ser menor de edad y no valer legalmente su firma". La prensa especializada se ceba en ella, cosa que sorprende debido a la insgnificancia de su figura y a la pequeña cuantía del anticipo. No obstante,Mary claudica y devuelve el anticipo, haciendo así las paces con los críticos. A continuación es contratada por la Cervecería Montañesa de Vigo (en algunos medios aparece como el Café Español) y hacia allá sale pitando sin volverse a mirar hacia Barcelona.
La Puerta del Sol de Vigo a principios del siglo XX
Durante los dos meses que pasará en Vigo (preciosa ciudad, todo hay que decirlo) tendrá un éxito más que discreto que no ayudará demasiado a su carrera ya que la cervecería es un salón de varietés de tercera categoría. No sabemos si por la condición explícitamente etílica del local o por otras circunstancias personales hasta ahora desconocidas, el crítico de la revista Eco Artístico hace sobre Mary Focela un comentario asaz crítptico: "Es lástima que no se cuide pues tiene muy bonita voz". ¿A qué se refería con lo de no cuidarse? ¿No llevaba la pequeña cupletista una vida lo bastante ordenada? ¿Eran sus costumbres algo disipadas y poco saludables? ¿O simplemente trasnochaba mucho y no llegaba a tiempo a sus clases de canto? Lo más probable es que el comentario se basara en una observación de tipo personal, algún momento de debilidad de la Focela captado por un ojo tan crítico como poco compasivo. Ese cuarto de hora o esos cinco minutos (depende de cada una) que por entonces separaban para una buena chica la diferencia entre lo saludable y lo inconveniente.
El caso es que Mary le toma cariño a Vigo y a finales de junio es contratada por el Café Brasil, donde actúa al lado de la exuberante Lidia Gipsy.
Lidia en pose elegante a la par que sugerente...
... y Lidia en versión superabundante para la escena
Conocidas desde que empezaron en el Madrileño, Lidia y Mary compartieron escenario en muchas ocasiones a lo largo de los años y acabaron siendo amigas. En el Brasil de Vigo el público se decanta por la italiana (o lo que fuera, que nunca se supo con absoluta certeza) ya que sus bailes orientales y sus monólogos son del tipo sicalíptico y todo lo subidos de tono que las autoridades competentes toleraban. Mary hace lo que puede, pero su físico no le permite comunicarle al público la explícita sugerencia de la oronda Lidia. A pesar de todo el año 14 es para Mary enormemente favorable a nivel laboral. La temporada veraniega la lleva al López de Ayala de Badajoz en julio; en agosto regresa durante unas semanas al Madrileño, donde es la estrella indiscutible; y a finales de agosto debuta en el Pabellón El Brillante de Cartagena.
"Pabellones del Ayuntamiento y el Casino en el muelle comercial de Cartagena"
fuente: https://cartagenaantigua.wordpress.com
Cuando en septiembre reaparece en el Madrileño vuelven a criticar "su aire enfermizo, que le perjudica", a pesar de considerar su voz como bonita. El caso es que tiene las energías suficientes para seguir trabajando con intensidad: en octubre actúa en el teatro de la Cruz de Arganda; poco después debuta en el Salón de Columnas de Bilbao; en noviembre debuta en el Cómico de Cádiz y allí, en su tierra, pasará más de un mes aguantando el tipo ya que en diciembre se descubre, gracias a la prensa, que  "la empresa estuvo con ella, a última hora, algo abusiva, abuso que cortó la autoridad haciendo justicia a la artista". Los sueldos bajos, las inflexibles condiciones laborales y las extralimitaciones de todo tipo se daban en el mundo del cuplé con una intensidad directamente proporcional al nivel del local en el que se trabajara. Teatros de cierta categoría como el Cómico de Cádiz solían tratar decentemente a las artistas consagradas, pero a figuras de tercera o que estaban empezando, como era el caso de la Focela, las sometían a condiciones de semiesclavitud. En este caso debieron ser tan terribles que la ley (o la normativa) se puso del lado de la cupletista.
La calle Duque de Tetuan de Cádiz a principios del siglo XX
De Cádiz sale hacia el Principal de Guadalajara y de allí a Aranjuez, cerca de Madrid, donde terminará 1914 y comenzará 1915 actuando en el Madrileño, su verdadero hogar en aquellos tiempos. Allí trabajará de forma continuada hasta la primavera, compartiendo escenario con figuras como el matrimonio formado por los cómicos Luis Esteso y la Cibeles o la cupletista valenciana Adela Margot, con la que Mary coincidirá en multitud de escenarios ya que compartieron agente durante muchos años.
Adela de Vicente, más conocida como Adela Margot,
fue una guapetona cupletista valenciana de poderosa voz
Antes de comenzar la temporada veraniega de 1915, Mary decide darle un giro a su repertorio y se decanta por palos flamencos como las guajiras o las granadinas que, según la crítica, canta con mucha voluntad y no poco gusto. En el Novedades de Valencia triunfará con el nuevo repertorio y de allí pasará al Parisiana de Burgos no sin antes cumplir con su acostumbrado Madrileño. El verano de 1915 le dejará buenos contratos en los locales madrileños al aire libre que intentaban "despistar" a la canícula con las mejores intenciones. En el legendario Kursaal de la Ciudad Lineal actuará a primeros de agosto y a mediados lo hará en El Polo Norte. Este local de tan curioso nombre se hallaba en la calle Atocha y gozó de una vida bastante larga desde su inauguración en 1907 hasta 1917, diez años nada desdeñables teniendo en cuenta lo poco que solían durar los locales de varietés. Aunque este contaba con un as oculto en la manga: en sus jardines se celebraba también un popular baile.
El caso es que nuestra pequeña cupletista trabajaba con denuedo hiciera frío o calor, en las capitales y en los pueblos, en los teatros del centro y en los cafés del puerto. Es anunciada como "canzonetista a gran voz y bailarina", aunque en esta última actividad jamás destacó, limitándose a dar unos cuantos pasitos sencillamente coreografiados para acompañar al cuplé de turno. Al público le llama la atención la potencia de su voz teniendo en cuenta su cuerpo diminuto. Además es muy joven, con lo que la sensación de estar viendo a una niña en escena diciendo procacidades causa cierto morbo en determinado sector del público masculino. Y ella, como tantas otras, se deja querer cuando la ocasión es propicia a sus intereses. Su sueldo es insignificante y una chica emancipada, entonces como ahora, de algo tenía que vivir.
El anuncio de Mary Focela para 1915: velador con flores,
mantón oscuro y aspecto enfermizo
Después de cerrar el verano contratada por el Salón Pradera de Santander, a Mary le sale una oportunidad bastante interesante para darle un empujón a su carrera y debuta a mediados de octubre en el teatro Romea de Madrid. Comparte tablado con dos bailarinas: la Argentinita y la Sylphe, una atracción internacional de moda que lo mismo te bailaba una danza de los siete velos al estilo de Mata Hari que se enroscaba sobre si misma con el espeluznante estilo de Tórtola Valencia. Entre estas dos atracciones à la mode la pequeña Focela pasa casi inadvertida y no es prorrogada en el Romea ni obtiene allí el éxito esperado. Algo desanimada regresa al Madrileño, donde la esperan siempre con los brazos abiertos, incluidos los de su amiga Lidia de Gipsy.
A principios de 1916 está actuando en un local barcelonés llamado la Buena Sombra, acaso un café cantante con pocas pretensiones (o acaso ninguna). No tiene suerte allí y su actuación provoca en el crítico Manzanares Nausa una de sus famosas proclamas sarcástico-venenosas en la revista Eco Artístico.

"En la Buena Sombra dejó de actuar Mary-Focela, artista diminuta y vulgarota, más fresca que un botijo colorado. Esta pequeñísima artista creyó que Barcelona era Chinchón o Colmenar de Oreja, y se arrancó pidiendo ¡cincuenta duros! por dos días. Pero, ¡niña!, ¿usted sabe lo que hay que moverse para ganar veinticinco duros en una noche ? Sobre todo usted, que no ha creado nada. Y ya que hablo de creación, ahí tiene usted un couplet que he escrito en colaboración con un vecino mío que toca la bandurria, con el cual obtendrá usted un éxito personalísimo. Ponga usted los cinco sentidos, y el sentido común seis, y saboree esta filigrana, que es lo más notable del siglo actual, después del vestido de picos que usted lleva. Dice así esta «memez literaria» :
«Me llaman Mary-Focela
porque lo quiso mi «agüela».
¡Ay!, su «agüela»,
¡Ay!, su «agüela».
Y abulto menos, señores,
que abulta una lentejuela.
Lentejuela.
Lentejuela.
Yo no pago á mis deudores
porque soy la mar de fresca.
Sí que es fresca.
Sí que es fresca...»

¿Qué le parece?".

Pues probablemente no le pareció nada bien y aunque Manzanares era experto en provocar con sus críticas a las cupletistas que no eran de su gusto (casi todas, excepto la Goyita) hay que decir a favor de la Focela que solía encajar con exquisita elegancia todos los comentarios que se hacían sobre su escasa estatura, acostumbrada como estaba desde siempre a ser vituperada por tal circunstancia. Al fin y al cabo, por cosas peores había que pasar en el mundo de las variedades selectas.
Pepita Ramos "La Goyita" fue una de las grandes del cuplé
En la primavera de 1916 Mary coincidió en el Edén Concert con Pepita Ramos, la Goyita, cupletista catalana muy querida por los barceloneses e idolatrada por Manzanares Nausa. Según este crítico, en versión poco o nada objetiva, entre las dos artistas había una mala relación basada en celos artísticos y discrepancias políticas. Siempre según Manzanares, cierta noche de marzo actuaba Goyita en el escenario del Edén Concert y desde un palco seguía la actuación Mary Focela acompañada por unos amigos. La Ramos empezó a entonar su quinta canción, esta vez en catalán, como solía hacer muy a menudo. Entonces la Focela le pidió a gritos y desafiando a la gravedad, con medio cuerpo fuera del palco, que cantara "Juan Español". La Goyita desoyó su petición y siguió a lo suyo pero Mary, aparentemente embriagada, optó por cantar ella solita a grandes voces tan patriótico cuplé. Goyita se retiró de la escena en medio de aplausos (hacia ella) y abucheos (hacia la otra). Y, siempre según la versión del crítico, los compañeros de palco de la Focela, que "eran unos caballeros, la echaron del palco como se tiran a un rincón unos calcetines sucios y, puestos en pie, ovacionaron a Pepita Ramos" que optó por regresar a escena recibiendo las más fervorosas muestras de cariño por parte del público.
Goyita en 1913, totalmente ajena a futuros
desencuentros y encontronazos con la Focela
La reseña de este suceso que Manzanares Nausa publicara en Eco Artístico está llena del veneno que solía destilar cuando la artista en cuestión no era de su gusto (que era casi siempre: a Preciosilla y a Salud Ruiz prácticamente las despellejó en vida) y también del oportunismo del que hacía gala cada vez que se trataba de exaltar a la Goyita, está vez en contraposición con la Focela. El final de su reseña, escrita a modo de diálogo con un conocido, no tiene desperdicio:

 "Goyita es más artista que ella dos millones de veces. Pepita Ramos es más joven, más bonita y más mujer que ella. Goyita no se embriaga, no tiene amigos, no se la ve de madrugada en orgías ambulantes. De modo que Mary-Focela no puede ganarle más que en una cosa.
—¿En cuál?
—Se lo diré á usted al oído.
— ¡ . . . !
—Eso creo yo también.".

Mary se siente ultrajada, no sin razón, y decide que ya es hora de callarle la boca al crítico. Una cosa es ser mordaz y otra muy diferente es ofender sin tasa, ni medida, ni nadie que le parara nunca los pies. Piensa en demandarle, pero en su entorno se lo desaconsejan: es demasiado poderoso en Barcelona, tiene grandes influencias en la prensa especializada, entre los empresarios, en las academias de canto e incluso con los compositores de cuplés. Era lo que entonces se llamaba un "pájaro de cuidado" que tenía, eso sí, la costumbre de no posarse demasiado tiempo en la misma rama. Era mejor dejar que se le pasase la fijación por ella: no tardaría en aburrirse y ya vendría otra que la sustituyese en sus odios y vituperios.
En este anuncio ya se dejaba claro dónde dirigirse
a la hora de demandar a Manzanares
Pero aún tarda un tiempo en aburrirse de ella. Cuando en abril debuta la cupletista en el Alcázar barcelonés, Manzanares solventa su crítica con un categórico "¡Pobre criatura!" seguido de un críptico: "A cualquier cosa le llaman chocolate las patronas". En otra crítica vuelve a hablar de la envidia que la Goyita despierta en Mary y dice que es una brillante estrella pero "gracias a una pasta de limpiar metales", mensaje en clave que podía referirse a cualquier cosa que tuviera más que ver con la pasta que con la limpieza. Cuando la Focela regresa de su gira veraniega y debuta a mediados de septiembre en el Monte Carlo de Barcelona, nuestro amigo Manzanares le da la puntilla con esta preciosa crítica, modelo de templanza y ecuanimidad donde los haya:

"Ha debutado Mari-Focela, habiendo coincidido su presentación con el cambio de temperatura, pues desde que el ruiseñor humano, envidia de las estrellas, etc, etc, etcétera, ha debutado en el feudo del amigo Bielsa, ha comenzado el frío hasta el punto de haberse suprimido las medias caladas y la fabricación de hielo artificial".

Es de extrañar que fuera considerada como una cupletista "fría" teniendo en cuenta que su repertorio oscilaba entre la sicalípsis y los palos flamencos. Más bien se trataba de que, al menos a Manzanares, lo dejaba frío por su voz, su físico, su estilo y porque le daba la real gana, faltaría más. A pesar de tanta inquina Mary no debía hacerlo tan mal ya que sigue siendo contratada en escenarios de toda España y terminará el año 1916 en el Salón Vizcaya de Bilbao, junto al cómico Ramper, para a continuación volver al Doré barcelonés.
Ramón Álvarez Escudero, Ramper, fue un
famoso cómico y clown que murió en el olvido
A pesar de todos los inconvenientes que su rivalidad con Goyita le ha causado, Mary decide que Barcelona es la ciudad donde debe establecerse y desde donde debe emprender todas su giras y actuaciones. Por algún motivo nunca aclarado, -que bien pudiera tener algo que ver con las cosas del corazón- opta por hacer gala de su aborrecimiento por Madrid y de su amor por Barcelona. Allí tendrá su residencia de ahora en adelante, allí tomará nuevo agente y entre sus compositores elegirá su repertorio. De origen andaluz, criada en Madrid, con ideas ultraconservadoras en lo político (lo personal ya era otra cuestión) y de un españolismo exacerbado, la buena de Mary decide asentarse en el lugar y la época en las que el nacionalismo catalán vive uno de sus momentos de mayor apogeo y beligerancia. La verdad es que nunca tuvo mucha suerte en la vida la pequeña Focela, pero acaso también tuviese tan poco cerebro como escasa era su estatura. En fin, el resto es historia del cuplé y de la consecuencia de su mala elección (que la hubo y de las gordas) os lo contaré todo en la siguiente entrada a ella dedicada.


(1) Ni en elegir nombre tuvo suerte la Focela y aparecerá indistintamente como Mary-Focela, Mary Focela o Mari Focela en sus años de carrera. Me inclino a creer que en un principio fuese Mary-Focela su elección, pero el guión fue apareciendo y despareciendo por misteriosos motivos. Teniendo en cuenta lo complicadas que son las búsquedas con guión, en pleno siglo XXI y para Internet, yo he optado también por hacerlo desaparecer.

jueves, 31 de marzo de 2016

LAS OTRAS: María "Mariquita" Reyes

María Reyes fue una de las más conocidas
"cocottes" españolas
Cuando a finales del siglo XIX surge en España la moda del cuplé picaresco, sus intérpretes son principalmente extranjeras. Artistas francesas, italianas y alemanas -especialmente las primeras- traen a nuestro país una nueva forma de cantar que aquí aún no se conocía. En aquellos primeros escenarios, madrileños y barceloneses, las artistas locales no tardaron demasiado en apuntarse al invento, adaptándolo al gusto patrio y demandando letras en castellano o catalán. Más tarde el cuplé de tipo francés se mezclaría con la tradición de la copla española y lentamente iría "adecentándose", pero en su primera época cuplé y cupletistas fueron sinónimo de atrevimiento, obscenidad, vicio y pecado venido de fuera. Y no, no estoy exagerando en lo más mínimo.
Aquellos salones y cafés cantantes pioneros donde actuaban las primeras cupletistas sicalípticas estuvieron, en ocasiones, estrechamente relacionados con el mundo del alterne y, por ende, de la prostitución. No todas las chicas alternaron, por supuesto, pero algunas lo hicieron llevadas por la necesidad, otras porque simplemente les dio la gana y algunas de ellas, las menos, medraron en esta actividad más que en la escena y lograron pasar a la posteridad más por sus actividades galantes que por su talento... artístico. De este último grupo destacó, por innegables méritos propios, la figura de María Reyes. Y a ella le dedico esta corta entrada que espero que disfrutéis tanto como yo.

María Reyes, cupletista, bailarina y cortesana

He de empezar diciendo que, lamentablemente, de la Reyes quedan pocos datos, escasísimas reseñas, poco fiables informaciones y rumores nunca confirmados. De ella dice Álvaro Retana en su "Historia del arte frívolo" que fue
"Elegantísima, enemiga del agua por solidaridad con el champán, (y) opuesta a lucir joyas que no fuesen de brillantes(...)".
En esta imagen se puede apreciar, a pesar de
su mala calidad, la excepcional figura de la Reyes
Retana, en el citado libro, le pone el nombre de Mariquita Reyes y aparecerá con este diminutivo o como María en la prensa indistintamente. En realidad se llamaba Estrella María Regina y había nacido en Sevilla en fecha ignorada, probablemente a finales de la década de los setenta del siglo XIX. Debutó en Madrid hacia 1899 en el "lindo teatro de Varietés, antiguo de Capellanes" en un espectáculo típico de variedades donde ella bailaba "con mucha gracia, sevillanas y tangos". Gracia, al parecer, tenía de sobra pero su talento no debía irle a la par. Daba lo mismo: su soberbia belleza rubensiana hizo que destacara desde el primer momento entre todas sus compañeras.
La larga cabellera de María, rubia natural,
era uno de sus más llamativos rasgos físicos
Siguiendo la moda de las Bellas del cuplé, en un principio aparecen referencias a ella como la Bella Estrella (en realidad su verdadero nombre) pero con el tiempo Estrella desapareció a favor de María aunque permaneciera intacta e incluso aumentada su belleza, que era sin duda la mayor de sus virtudes. Tenía una abundante melena de un rubio dorado, ojos claros, acaso azules, enmarcados por unas espesas cejas con cierta propensión a la unificación y un rostro armonioso. Rellenita en España, al gusto de la época, perdió peso tras su debut en París como bailarina. Su figura de "reloj de arena" con una asombrosa cintura de estrechez casi imposible, le debía algo al corsé pero mucho más a la genética. Sus orígenes pueden ser tanto plebeyos como burgueses o casi nobles (en el mundo del cuplé había de todo) pero su elegancia, tanto si era natural como adquirida, fue uno de sus encantos más innegables.
María, agarrada a sus perlas, pensando
 en un futuro que se presentaba halagüeño
Después de actuar en España como bailarina especializada en los estilos flamencos de su tierra, es contratada por el Casino de París. Frente al público francés, menos entendido en sevillanas y garrotines, bailó y cantó todo lo que tuvieron a bien pedirle, triunfando discretamente pero triunfando al fin. Se hablaba de su particular estilo como artista, que era tanto como decir que no se ajustaba en realidad a ninguno, pero su belleza no pasó inadvertida entre los parisinos y es allí donde pulió su imagen y donde, con toda seguridad, se aficionó al champán y a los diamantes.
Mariquita ataviada al estilo "remordimiento español"
que tanto gustaba fuera de nuestras fronteras
Cuando volvió a España fue considera como "bailarina española extranjerizada" en el mismo grupo de la Romero, Carolina Otero, la Tortajada, la Guerrerito, Saharet o Luz Chavita, estas dos últimas con cierta justificación: ambas eran francesas de verdad que se hacían pasar por españolas de mentira. En fin, un lío, pero el caso es que a Mariquita aquí nadie parecía tomarla en serio, así que salió escopetada de nuevo al extranjero, esta vez contratada por el teatro Alhambra de Bruselas. De ahí, de nuevo a París para volver a España, contratada por el salón Actualidades de Madrid, no sin antes actuar en Barcelona. Al regresar de sus giras por el extranjero el público español la encontraba cada vez más seductora, más elegante, más estilizada y más cargada de brillantes.
Mariquita luciendo la inevitable mantilla de blonda
y el no menos inevitable abanico
Su nombre desaparece de las carteleras de repente, sin que nadie se pregunte la razón acaso por ser esta ya sabida o acaso por no importar demasiado. En Madrid su figura es reconocida y totalmente reconocible por el lujo que exhibe. Gusta de lucirse por la Castellana en su coche tirado por dos soberbios caballos, dando que hablar a damas y caballeros por el buen gusto que muestra en sus toilettes. Y si las mañanas las ocupa en tales paseos, las noches la encuentran hasta la madrugada disfrutando de su gusto por la vida disipada. Pasa de ser una bailarina de variedades a una cocotte sin apenas transición y sin arrepentimiento alguno. Siempre hay algún caballero que gustoso cubre sus gastos excesivos y se muestra indulgente ante su marcado hedonismo, aunque estos temas se trataban con discreción y entre los nombres que en su historial figuraron sólo ha llegado hasta nosotros uno, y ni tan quisiera eso, pues se trata de un rumor nunca confirmado.
Don Jaime de Borbón y Borbón-Parma
y su impresionante mostacho (fuente: Wikpedia)
Las malas lenguas relacionaron a Mariquita con el pretendiente carlista al trono de España, Jaime de Borbón, duque de Anjou. Estas mismas malas lenguas consideraban al duque como el responsable de la reciente adquisición de un lujoso hotelito madrileño en el que vivía "una tal María Reyes". El pretendiente carlista, que había nacido en Francia y allí residía, no era precisamente bien recibido en España y procuraba mantenerse alejado de la corte madrileña. Se cree que conoció a la Reyes en San Sebastián o Barcelona y que quedó hechizado, como muchos otros, por la extraordinaria planta de la sevillana. Pero por muy hechizado (fantástico eufemismo) que se sintiera por ella, es dudoso que se atreviera a seguirla hasta Madrid, comprarle el hotelito, mantenerla con ostentación o atreverse a aparecer con ella en público. Es sólo un rumor, nunca fue confirmado y quizá forme parte de la leyenda de seducción de la bella María.
La Reyes tenía una prestancia señoril que sin duda
le ayudó a entrar en el mundo de la "galantería encopetada" 
Poco más se sabe de María y bien lo siento. Poco se hablaba de las buenas chicas del cuplé que devenían en cortesanas y se pasaban al "lado oscuro" del lujo mantenido. Ignoro si le compensó y supo hacer una fortuna que le procurase una vida sin preocupaciones. Pudiera ser incluso que alguno de aquellos caballeros se casase con ella y le diese rango de respetabilidad a sus relaciones, en tiempos en que estas cosas tenían sin duda su importancia. Siempre había alguien dispuesto a enderezar aquellos torcidos tallos que sustentaban tan deliciosas flores, o al menos a intentarlo. Como decía Campoamor en una de sus humoradas:

"Hay quien pasa la vida
en ese eterno juego
de hacer caer a la mujer, y luego
rehabilitar a la mujer caída"

Acaso no fuera Mariquita tan afortunada y terminara sus días, como otras colegas suyas, en la indigencia y el olvido; que perdiera juventud, belleza y fortuna por el paso de los años, por los excesos con el champán o por su mala suerte en la ruleta o el bacarrá; o que encontrara dudoso acomodo en los brutales brazos de algún chulo que la explotara. Podemos poner muchos finales a su historia pero sólo una cosa parece cierta: disfrutó como pocas de aquellos excesos de la belle époque que tan ingenuos nos parecen hoy en día pero que en realidad no tenían nada de inocentes.
La "Bella Estrella" María Reyes, una de las
más olvidadas de los tiempos del cuplé
Epílogo:

La figura olvidada de Mariquita Reyes ha sufrido la peor de las traiciones posibles en lo que a recuerdos se refieren: la que le infligió Álvaro Retana, sin duda alguna, involuntariamente.
En la breve reseña a ella dedicada en sus "Historias del arte frívolo" menciona un suceso en el que presuntamente se vio implicada, la estafa que se hiciera a un prestamista famoso conocido como "El Cantinero". Su proceso, en el verano de 1906, fue difundido por la prensa con profusión ya que poseía los elementos con los que se conforma una buena crónica de sucesos: juicio público, delito económico de gran cuantía, personajes conocidos y una atractiva mezcla de bajos fondos y buenos apellidos. Retana coloca a la Reyes como una de las "personas de distinguida posición social (que) estafaron millón y medio de pesetas" al prestamista. Pero no fue así. Retana escribió su reseña biográfica casi sesenta años después del suceso y su memoria le traicionó: la implicada en la estafa se llamaba María Reina, no Reyes, y ni siquiera era artista.
Retana quería tanto a las chicas del cuplé y sentía tanta simpatía por las más frívolas o las más desdichadas que no podemos hacer otra cosa que perdonar su error. Y, además ¿qué no le perdonaría yo a Retana, a quien tanto debo?
Retana, cariacontecido, al darse cuenta
de su error con la pobre Mariquita Reyes

domingo, 20 de marzo de 2016

LAS OTRAS: Candelaria Medina (y III)

Candelaria fue portada de Mundo Gráfico en 1921,
cuando su fama ya estaba en horas bajas
Después de estar retirada durante casi dos años, Candelaria reaparece en Madrid no sin antes pasar por Sevilla para cumplir con una de sus piadosas promesas, esta vez ante el Cristo del Gran Poder. Durante estos años se ha dedicado a su familia y ha intentado, sin demasiado éxito, llevar una vida de perfecta burguesa al lado de su pareja. La suerte no le acompaña y decide retomar su carrera buscando tanto el dinero como el cariño del público. De ambas cosas ha estado necesitada durante todo este tiempo, especialmente de amor y respeto. Nadie habla, nada se sabe y poco se rumorea, todos (empresarios y público) respetan la privacidad de la cupletista y la reciben con los brazos abiertos. Como si el tiempo no hubiera pasado, se encuentra con una inesperada acogida que se traduce en contratos por toda España. Parece que la promesa al Gran Poder ha dado resultado, al menos en lo que se refiere a su vida profesional.
La impresionante imagen del Jesús del Gran Poder sevillano
(fuente: 
http://cofrades.sevilla.abc.es/profiles/blog/list?month=03&year=2015)
En 1920 trabaja mucho y bien. Comienza el año contratada por el Price de Madrid, donde coincide con la bailarina Nati la Bilbainita. Después hace una gira que la lleva primero a Cuenca, más tarde al teatro Martí de Valencia, el Salón Llorens de Sevilla, donde coincide con la debutante y jovencísima Lolita Astolfi, y debuta en el mes de mayo en el Edén Concert de Barcelona.
La encantadora Lolita Astolfi en 1920, con dieciséis años
Después de la consabida temporada veraniega, en septiembre Candelaria debuta en el Teatro Circo barcelonés y en octubre es contratada por el Madrid Cinema para formar parte del clásico espectáculo de variedades de la época. Durante una larga temporada compartirá escenario, éxitos y penurias con el ventrílocuo ¿Moreno? (se anunciaba así, con interrogaciones) y las cupletistas Amarantina, Lola Mansilla, Maruja del Oro y Amparito Guillot, entre otros. Con motivo de su debut la revista "Eco Artístico" publica a doble pagina un reportaje publicitario y encomiástico que, curiosamente, consigue justo lo contrario de lo que pretende. La fotografía de Candelaria (por su baja calidad, imposible de reproducir) nos la presenta vestida de oscuro, exuberante sin exagerar, algo envejecida y no muy guapa. En su atuendo a la moda se nota un deseo de renovación, en su actitud cierto cansancio que no parece ser una pose. En el texto se dice que después de alejarse un tiempo de la escena reapareció en el Price (la Catedral de las Variedades) la temporada pasada para más tarde dedicarse a hacer gira por provincias. Se habla de su retiro, de su vida regalada y suntuosa, y que volvió por nostalgia de las tablas. Ya sabemos que no fue así pero eso ¿a quién le importaba? Eran otros tiempos, con un mayor sentido del pudor y más respetuosos con la vida privada. Sólo el arte de Candelaria, o su falta de él, concernía a su público. Más allá de las tablas no había nada.
Portada de 1920 de Mundo Gráfico con una insólita Candelaria fumadora
Podría decirse que la de 1920 fue su última temporada de éxito. A partir de 1921 los escasos contratos se dosificarán como con cuentagotas: su voz nunca fue su mejor talento y su tendencia a la gordura hace que sus movimientos como bailarina comiencen a ser torpes y poco sugerentes, algo imperdonable en una chica de las variedades.

A pesar de la edad y su consiguiente deterioro físico, aún es Candelaria una figura querida por el público gracias a su simpática afabilidad y al creciente auge del género flamenco en detrimento del cuplé. En 1921 centra su carrera en Cataluña y en escenarios ya habituales, como el Madrid Cinema o el Salón Llorens de Sevilla. En Andalucía es considerada más como flamenca que como cupletista, ya que siempre le fue fiel a sus orígenes percheleros.
Candelaria, en pose flamenca pero con traje
de cupletista: cosas de los tiempos del cuplé
En Málaga o en Valencia también encontramos reseñas favorables de sus actuaciones pero éstas se irán espaciando cada vez más. En junio de 1922 actúa en el Edén Concert barcelonés y es tibiamente recibida. Al finalizar su contrato es sustituida por la debutante Tina de Jarque, futura estrella al gusto de los años veinte, joven, pizpireta y en su peso justo. Ya han pasado los tiempos de las "jamonas" a las que no les sientan nada bien los vestidos de lamé cortados al biés ni los cortes de pelo radicales, porque ¿cómo se puede bailar sin volantes? ¿cómo se puede vivir sin el corsé? y ¿dónde se puede enganchar la peineta? Los tiempos cambiaban. Adiós a la cupletista, bienvenida la vedette.
La espectacular Tina de Jarque a finales
de los años veinte, con pelo a lo garçon
En julio de 1922 Candelaria está actuando en el teatro de verano Reina Victoria de Sevilla -bolo veraniego por excelencia- al lado de Julia Fons, otra figura ya en decadencia. Nadie parece recordar a aquella provocativa Lota de "La corte de Faraón" que la Fons tan brillantemente interpretara no hacía demasiados años. No es la edad, ni la voz, ni la merma de facultades lo que retirará a Candelaria o la Fons. Es su estilo, que comienza a considerarse ya trasnochado en un mundo, el de las variedades, que había pasado de desplazarse lenta y elegantemente en un faetón a hacerlo en un coche moderno, quemándose rápido, rápido, como una vela que ardiera por sus dos extremos. Después de la Gran Guerra todo cambió, incluso en países como España que en ella no habían intervenido.
Julia Fons en 1905, interpretando "La gatita blanca"
La Fons, que en los años cincuenta se negaba a si misma y despotricaba contra sus tiempos de fama, es un buen ejemplo de "juguete roto" a la española. Candelaria es otro. Se retira ya definitivamente y a finales de los años veinte Álvaro Retana, en una de sus semblanzas de olvidadas reinas del cuplé, la considera como "retirada y alternando con otras damas catequistas". Vive en Barcelona, prácticamente en el anonimato. Tiene fama de decente y sus creencias religiosas están firmemente arraigadas, no exentas de cierto contenido exhibicionista con novenas, procesiones y todo un arsenal de mantillas y rosarios, algo muy habitual en las mujeres de aquellos tiempos. Pero cuando más retirada parece estar, aún nos sorprende una noticia sobre ella aparecida en "Mundo Gráfico" en febrero de 1930. Tras la clausura de la Exposición Universal que se celebró en Barcelona en 1929, permanecerá en sus instalaciones un local andaluz en el Pueblo Español llamado "Los Corales". Allí se encuentra Candelaria, recibiendo a los parroquianos, trabajando a la manera flamenca, guapetona, ataviada con un soberbio mantón y "contenta de que esté aquí el maestro Padilla, recién llegado de Colombia".
Plano del recinto de la Exposición Universal de Barcelona en 1929
A comienzos de los años treinta Candelaria se encuentra, según Carlos Fortuny (alter ego de Álvaro Retana) "a honesta distancia de la circulación", completamente retirada de los escenarios. Vive de las rentas que su larga carrera le ha proporcionado, sin lujos ni exhibicionismos, casi con lo justo. Su "hombre" termina por abandonarla después de toda una vida de conflictos de pareja. Pasan los años y Candelaria abandona Barcelona y se traslada a Madrid, donde sobrevive amargada por su abandono pero no del todo ajena a sus tiempos de gloria. Tiene todavía amistades pertenecientes al mundo del cuplé y las variedades, como las componentes del Trío Moreno, el primero de los dos que hubo.
Curiosa postal del Trio Moreno dándose al tabaquismo
como si no hubiera un mañana
Candelaria ha invitado a sus amigas a tomar un café en su casa. Las deja sentadas en la humilde sala y se dirige a la cocina, allí retira la cafetera del hornillo eléctrico y en ese momento cae al suelo como fulminada. Sus amigas acuden y la encuentran ya muerta, víctima de un ataque cardíaco. Tiene alrededor de sesenta años (su edad siempre fue un misterio, hasta el final), todavía es joven, pero las penas sentimentales y la obesidad se han cobrado su billete de ida. Su entierro es sencillo, sin pompas innecesarias. No deja apenas nada, las joyas se vendieron hace tiempo. Sólo nos queda el recuerdo de otra de las olvidadas del cuplé que espero haber resucitado desde este blog a ellas dedicado.
Candelaria Medina, estrella del cuplé, belleza
emblemática de una época ya muy lejana
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